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Acerca de Richard Nixon

En una primera impresión de los presidentes de EEUU desde Eisenhower hasta hoy –excluyendo a Lyndon Johnson, que no conozco- Richard Nixon destaca notablemente por la seriedad de su rostro. Solamente George Bush padre se asemeja algo a él en este aspecto.

La seriedad puede significar varias cosas: preocupación, empeño en un objetivo, falta de sentido del humor o simplemente concentración mental. En el caso de Nixon, después de leer algunas páginas de varios de sus libros, llegué a la conclusión de que detrás de su mirada seria lo que hay es, ante todo, inteligencia.

Richard Nixon era muy inteligente y, para ser norteamericano, era asombrosamente inteligente. No es que los norteamericanos no sean inteligentes, o sean poco inteligentes. Hay muchos norteamericanos que son muy inteligentes y hasta me atrevería a decir que, en algunos aspectos de la vida, como cuando se trata de saber el cómo hacer una cosa, son más capaces que los europeos. Lo que sucede es que, en general, el norteamericano da la impresión de ser más ingenuo o simplón que el europeo y todo parece indicar que es más fácil que un europeo comprenda a un norteamericano que al revés.

El caso de Nixon muestra cómo el esfuerzo y la tenacidad hacen posible que un norteamericano llegue a un nivel de comprensión de la cultura y de la realidad muy notable. Y tanto más asombroso es este caso cuanto que Nixon no provenía de la costa Este o de una familia de gran tradición cultural vinculada a la vieja Europa. De origen humilde y californiano, tuvo los mismos recursos para su formación que cualquier chaval americano de clase media o baja.

La imagen que tenemos de Nixon está muy marcada, sin duda alguna, por el caso Watergate. Ya antes de este incidente era algo controvertido y se lo llamaba “tricky Dick” (tricky significa algo así como tramposo).

No obstante, en una primera impresión, vemos que su trayectoria política es muy interesante, por no decir fascinante. Siendo un hombre de fuertes convicciones conservadoras en cuestiones como la familia o la educación, fue presidente de EEUU en uno de los momentos más críticos de la historia de este país. Los finales de los años sesenta y principios de los setenta fueron el punto álgido de la crisis universitaria, el movimiento hippy y la autocrítica nacional acerca de la guerra de Vietnam. Fue una época de crisis de valores en las que aparecieron “antihéroes” como el protagonista de la película El Graduado, brillantemente interpretado por Dustin Hoffman. Lo más asombroso es que, con este panorama social y con la mayor parte de la prensa en contra, Nixon consiguiera ser reelegido en 1972 con una aplastante victoria.

No entro a evaluar su gestión política. Lo que me ha movido a escribir este artículo ha sido el asombro ante lo que es capaz de hacer un hombre y el asombro –el asombro es el origen de la filosofía- ante los hombres que es capaz de producir Estados Unidos, un país fascinante y lleno de vitalidad.

Algunas citas interesantes de Nixon:

“Siempre recomendaré el estudio del Latín (...) las horas que pasé estudiándolo me enseñaron a pensar de una manera más lógica y metódica.”

“En inteligencia [hablando sobre los periodistas] esas personas están por encima del nivel común; en política la mayoría son de izquierda (...) finalmente diré que la mayoría son gente interesante.”

Richard Nixon estuvo en España en 1963 en visita privada. Estuvo conversando con Franco. De este encuentro habla en sus memorias diciendo: “El Generalísimo Franco me recibió en su residencia de verano en Barcelona. Nunca lo había visto antes y esperaba encontrarme con un dictador inflexible y antipático, tal y como lo mostraba la prensa. Sin embargo, para mi sorpresa, me encontré con un estadista sutil y perspicaz cuyo principal interés era mantener la estabilidad de España para facilitar su progreso”.

 
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